Sep 262012
 

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¿Qué le ha sucedido al criterio editorial del TLS (Times Literary Supplement)? ¿Qué diantre llevó al editor a encargar como reseña de El holocausto español de Paul Preston la patochada condescendientemente insultante de un apologeta profranquista como Michael Seidman?

Aparte de quejarse sobre el “descrédito hacia el capital moral de los nacionales” de Preston, la objeción principal de Seidman parece ser el uso del término “holocausto” para describir la carnicería provocada por los “oficiales rebeldes, pronto ayudados por Hitler y Mussolini” (implicando que ninguno de sus regimenes habrían sido cómplices de sus planes para derrocar a la República). Esta objeción al vocablo holocausto es, o bien una pedantería académica, o bien un medido intento político por parte de Seidman de apropiarse de manera excluyente e incontestable del término para su aplicación exclusiva a las víctimas judías del antisemitismo nazi — a costa de los otros 5, 6, o 7 millones de víctimas de la máquinaria asesina nazi: antifascistas (judíos y gentiles), intelectuales, socialistas, anarquistas, comunistas, liberales, testigo de Jehová, gitanos, disminuidos psíquicos o físicos, etc… entre enero de 1933 y mayo de 1945.

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